Projeccions 2008-2007 (photo)

En las imágenes fotográficas que forman esta serie pretendo representar diferentes estados anímicos del ser humano.

En las fotografías destaca el predominio del negro, fondo y a la vez contorno del núcleo de la imagen, representación de la parte desconocida de nosotros mismos, nuestro yo más oculto. En todas ellas una parte del cuerpo, – la cabeza, los brazos o las piernas – , está ausente, y provoca la impotencia delante de determinadas situaciones. Así muestro las posibles reacciones de la persona, que pueden ir desde la agresividad hasta la resignación.

Los cuerpos están desnudos, para mostrar la parte interior del individuo y así evitar que el vestuario o los complementos puedan condicionar a la hora de pensar en un tipo u otro de persona. Estos cuerpos no están localizados en ningún escenario concreto, ya que es el hombre en esencia el que interesa, y lo que lo envuelve es el vacío.

La acción no deja indiferente al observador, y le invita a la reflexión. En cierto modo exterioriza y pone en escena la sensación de angustia que el individuo sufre.

Cada uno de nosotros somos un organismo limitado por el propio cuerpo, en el interior del cual la vida va marcando el tiempo. Pasan muchas cosas, por nuestro interior estamos cargados de emociones y sentimientos y lo que hago es exteriorizar estas emociones y plasmarlas en imágenes.

Esto también lo quiero relacionar con la estética, teniendo como referencia una cita de Immanuel Kant: “la estética se experimenta cuando un objeto sensorial estimula nuestras emociones, intelecto o imaginación”. De aquí mi invitación a la reflexión.

Nuestra parte consciente es diminuta comparada con la subconsciente, aun así, la poca conciencia que tenemos todavía nos tormenta, se convierte en un acompañante de la vida tan fiel como muchas veces indeseada. Y aquí es donde nacen los distintos estados anímicos como por ejemplo la angustia, la sensación de ahogo, de inestabilidad, de incomodidad, cuando sentimos que alguna cosa nos supera y no tenemos el control.

Gisela Ràfols